Alfredo’s Barbacoa. Madrid

Feria del Libro con calor atorrante. Vas andando por las casetas y el sol te machaca la nuca, un desmierde. Pero hemos decidido hacer plan de Domingo con los ahijados. Tengo dos ahijados. Uno es el ahijado oficial, por la Iglesia y todo. Yo puedo ser de mucho lirili pero luego para estas cosas me formalizo. El otro es el hermano, que aunque no es ahijado oficial merece tratamiento de tal. En realidad son mis primos pequeños, pero mi familia materna es de estilo siciliano, mis primos tienen edad de ser sobrinos pequeños.

El plan era este: ir a la Feria del Libro y a comer por ahí. Si en algo hay que mimar a un niño – escuchenme BIEN – es en comprar libros. Hay que hacer que los chavales lean hasta las indicaciones del champú en portugués, es una batalla a vida o muerte. Estos niños no pueden vivir en la estulticia, con la que está cayendo. Así que la Feria del Libro, a comprar lo que toque. Iban ambos con adquisiciones planificadas. El uno buscaba algo así como “Caza Monstruos” (no era ese el nombre) y el otro “Pupi” y “La Pandilla de la Ardilla”. Sabían bien que tenían y qué no tenían, lo que habían leído y lo que no. Todo listo para completar la colección. Ellos con la Ardilla, yo con Malcolm X, la Reina con la Historia del Rock. Todos contentos.

Para comer, reservamos en el Alfredo’s. Cerca del Retiro, opción muy evidente. Nos organizamos para ir a primera hora porque sabemos que se peta. Se petó, claro. El Alfredo’s es un sitio que tiene historia en mi familia. Hubo una época, muy añorada, en la que vivíamos mi hermano y yo todavía con nuestros padres. A mi padre de vez en cuando le daban venazos de llamar a sitios de comida a domicilio. Estos eran días muy celebrados, primero porque nos encantaba prácticamente toda mierda que nos trajesen a casa. Y por otro lado porque mi familia era raruna en este sentido, nunca cenábamos juntos. Había una filosofía instalada para la hora de cenar consistente en que cada uno cenaba por su cuenta. Creo que todo viene porque a mi madre le gusta cenar a última hora y rematadamente mal (bocata y mahou, ole, todas las noches de su vida), nosotros teníamos que cenar antes por ser nanos y a mi padre, que es hijo de mi abuela (como es evidente) estos desórdenes no le casarían mentalmente. Así que de repente llamábamos a algo por teléfono y era un gran acontecimiento. Hasta poníamos la mesa. En una de estas llamamos a Alfredo’s. Todavía no existían historias tipo “JustEat” ni nada del estilo, pero nos dejaron en el buzón una octavilla en la que venían indicados varios restaurantes con un servicio a domicilio. Posiblemente una empresa centralizaba los pedidos así como el reparto y de alguna manera repartirían beneficio con el restaurante en cuestión. A saber. El caso es que en su momento llamamos por teléfono, hicimos el pedido y tardaron un cojón y medio en llegar. No llegaban y mi padre llamó por teléfono, no se le ocurrió otra cosa que decirles algo así como que atentaban contra los valores familiares. Esto ha sido motivo de cachondeo desde aquella vez, si un restaurante hace algo mal, es que va contra los valores familiares. Y tenía razón mi padre, porque para los pocos días que cenábamos juntos todos en amor y compañía, era una faena que se retrasasen tanto.

Del Alfredo’s ya está todo dicho. Local sobrecargado, inspiración sureña, banderas de Texas, de Estados Unidos, fotos de todo por todos lados, mesas apretaditas, camareros sudamericanos con gorra, country en bucle permanente en el video. No pasan los años por Alfredo’s, siempre que vas está igual. Falta el señor Alfredo, que suele estar en otro de los locales de la casa.

Alfredo’s además ha sido escenario de diferentes comidas con amigos, con la Reina… es plaza obligatoria, vaya. A estas alturas, aunque haya poco que añadir, también diré yo algo, que menos. A lo mejor hay por ahí algún marciano que no conoce este local.

¿Qué se come en Alfredo’s? Carnaca. Para los animales salvajes que son mis encantadores ahijados tenían un menú infantil. Curiosos estos dos. El mayor es un tiquismiquis y se toma un arroz blanco con tomate. Coge el tomate y lo expande por toda la superficie del arroz. Se lo come todo antes de que nos haya llegado nada a nadie. Llegan entrantes y rechaza todo. El pequeño se pide su hamburguesa, sus patatas, pica de todos los entrantes y cuando estamos todos reventados dice que tiene hambre.

Los mayores:

Ensalada de Col, un clásico del local, uno de mis platos preferidos, que no hago en casa porque no consigo que me quede tan bien como las que me como fuera.

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Alitas de pollo. Somos poco originales, pero es lo que se pide aquí. Buen tamaño, muy bien fritas, con su punto de sal perfecto.

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Aros de cebolla, otra especialidad. Crujientes, no rezumantes de aceite. Los aros de cebolla constituyen un elemento peligroso. Nos autoexcusamos de estar comiendo verdura y es fritanga rebozada, pero hagamos una excepción. Este día fue todo excepcional.

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La Reina, Filet Mignon: un lomo de ternera rodeado de bacon. Es un elemento cetósico inigualable. No pedimos normalmente cosas distintas de hamburguesa, pero está mi Señora en plan anti-pan (se lo he contagiado) y quería ir a carne a muerte. Para beber, cerveza de la casa. Una brown ale correcta, ¿quién se la fabricará?

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Servidor, Super Alfredo’s con bacon, queso y barbacoa. Patata asada en lugar de frita. En Alfredo’s la carta no tiene mucha complicación. Hamburguesa Alfredo’s (125gr) o Super (250), con pocas opciones de relleno (mozzarella, philadelphia, bacon… ¿quién quiere mucho más?) y posibles guarniciones o añadidos. La carne buenísima, tiene siempre en Alfredo’s un toque ahumado, cada bocado sabe a gloria. La patata estaba algo cruda.

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Postre compartido, tarta de manzana con helado de vainilla. Salimos de la sempiterna tarta de queso (somos muy predecibles) porque los yankis tienen esta tarta de manzana que no es igual que la nuestra, que tiene sus trocitos cortados en dados y su toque de canela, siempre acompañada de helado de vainilla.

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Total de la historia, sesenta y pico euros. Los pequeños cogen su helado y lo baten a saco como si no hubiera mañana hasta que se lo pueden beber. Y se van a casa con libros. Con el mayor tenemos que hacer una tarea de educación gastronómica total. El pequeño está por ganar. Dadnos tiempo. Y entre tanto, Alfredo’s. Sirva esta entrada para seguir en la línea habitual: sigue en forma, sigue siendo una buena opción para ir, un comodín que nunca decepciona.

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